El senor Gelices llevó a la inspectora Roig a su despacho, ya que ésta le había dicho que quería hacerle unas preguntas en un lugar un poco más tranquilo que el salón principal de la casa.
El despacho era un lugar sencillo a la par que elegante, todos los muebles eran de madera maciza, y por la suave capa de polvo que había sobre mesa y estantería podía pensarse que la habitación llevaba sin usarse varios meses. Frente a la puerta se hallaba un sofá en el que el señor Gelices, tras llamar a una chica del servicio, que se había incorporado después del inesperado incidente , y pedirle que le quitase el polvo, pidió a la inspectora Roig que se sentara, cuando ésta se hubo sentado él hizo lo mismo.
La inspectora le preguntó si esa casa era entera de su propiedad o compartía la propiedad con sus hermanos. Éste le contestó:
- Al morir mis padres la casa la heredamos los cuatro hermanos, pero como resultaba muy cara de mantener pasó a ser entera de mi propiedad por ser yo el único que disponía de una fortuna para poder hacerme cargo de ella. Pero al llegar el verano toda la familia se reune y los gastos corren de mi cuenta.
- ¿ A qué se dedican sus hermanos?- le preguntó la inspectora Roig.
-Miguel tiene una empresa de helados, Rogelio se dedica al periodismo y Marcel es profesor de Tecnología en un instituto de Secundaria en Barcelona.
- ¿Están casados sus hermanos?- dijo la inspectora.
- Sí. Miguel tiene mujer y cuatro hijos ya mayores, Rogelio tiene mujer pero no hijos, y Marcel tiene dos hijos adolescentes de su primera mujer y un bebé de pocos meses de su nueva pareja.
- ¿Y no es difícil la convivencia veraniega?- añadíó la inspectora.
- Bien, en realidad raramente coincidimos todos, únicamente el 15 de Agosto nos reunimos para recordar a mamá, cuyo nombre era María.
- ¿Tiene idea de quién es la muchacha que yace muerta en uno de los balcones de esta casa?
- No, aunque es difícil adivinar quién es por el estado tan lamentable en que se halla el cadáver, no tengo relación con personas tan jóvenes.
En ese momento el sargento Álvares entró en el despacho e informó a la inspectora de que el juez ya había ordenado el levantamiento del cadáver y ahora era trasladado a Gerona para practicarle la autopsia.
La inspectora Roig dio por terminada la conversación con Javier Gelices y salió de la casa acompañada del sargento Álvarez.
Éste cuando la acompañaba hasta el coche le informó de que habían encontrado el bolso de la joven y que en el monedero estaba el DNI , según la documentación la mujer se llamaba Isabel Broto Argemí, era natural de Terrassa y tenía treinta años. Ademas en el bolso habían encontrado dos o tres botes de productos cosméticos que sólo venden en Mercadona. La inspectora pensó que como mínimo ya conocían la identidad de la joven, si es que esa documentación pertenecía al cadáver...
Cuando la inspectora abandonó la pequeña localidad costera el sol había empezado ya a ocultarse y en el horizonte se apreciaba ese tono rojizo que luce el sol en los atardeceres de pleno verano. Iba pensando que resultaba totalmente imposible que iniciara sus vacaciones mañana, ya que todavía no había averiguado nada de ese crimen que de alguna forma implicaba a una familia tan importante como los Gelices. Les diría a su marido y a su hija que partieran mañana hacia Cangas de Onís y que ella se reuniría con ellos una semana después.
Cuando aparcó el coche frente a su domicilio pensó con rabia que iba a desilusionar a su familia ya que cuando les comunicara que de momento no iba a ir con ellos, su hija empezaría a llorar y su marido se encerraría en un mutismo que la martirizaría más que el llanto de Julia, su única hija.
domingo, 7 de febrero de 2010
MAR TURQUESA II
sábado, 23 de enero de 2010
MAR TURQUESA
Desde donde estaba el cuerpo se podía contemplar ese mar turquesa y brillante de las doce del mediodía. Parecía imposible que en un espacio que remitía a la alegría de vivir se encontrara el cuerpo totalmente desfigurado de una joven. Le habían destrozado el cráneo de forma que lo que había sido su cabeza era ahora un amasijo de sangre , huesos rotos y carne desilachada, tenía las piernas también machacadas y lo único que podía reconocerse de la muchacha era su brillante melena rubia y el logotipo de la marca de su vestido "Desigual".
El cadáver había sido encontrado por una pareja de adolescentes que había ido desde el pueblo hasta la alejada casa para encontrar esa intimidad que tan difícil es hallar a los quince años. La mansión se hallaba en una recoleta cala al borde de un acantilado en un pintoresco pueblo de la Costa Brava. Pertenecía a la adinerada familia Gelices, unos gaditanos que habían emigrado desde la atlántica Cádiz hasta este precioso rincón del Mediterráneo. En el momento en que ocurrieron los hechos la casa se hallaba cerrada, ya que la familia Gelices permanecía en su residencia de Barcelona, esperando que llegara el mes de Julio para trasladarse a veranear a Begur.
La inspectora Roig, de la Comisaría de Gerona, se dirigía al lugar, tras haber recibido la orden del Comisario García. Mientras se dirigía al pueblo , todavía muy enfadada porque le habían dado un caso cuando su jefe sabía perfectamente que al día siguiente iniciaba sus vacaciones estivales. iba pensando que de qué le sonaba el apellido Gelices, de pronto cayó en la cuenta de que ese era el apellido que había impreso sobre las bandejas de comida del catering del comedor de su hija. Sonrío al pensar que sí, que era verdad que los ricos también lloran.
Cuando aparcó su discretito coche frente a la casa observó que en la explanada había también aparcado otro automóvil que alguien como ella necesitaría el sueldo de tres vidas para poder tener uno igual. Por lo demás por los alrededores estaba todo desierto, ya se sabe que a los ricos les gusta la intimidad. La calma exterior le había hecho creer que la elegante mansión estaba desierta, pero se sorprendió cuando le abrió la puerta un agente de la policía local, con el cual había quedado al salir de su ciudad, y tras éste había cuatro personas bien conservadas pero todos rondando los sesenta años. Eran los cuatro hermanos Gelices, dueños de la casa. El mayor, de unos sesenta años, fue el que se dirigió a ella le dijo que era Jorge Gelices y que el resto de hombres eran sus hermanos: Miguel, Rogelio y Marcel.
La inspectora Roig le preguntó a Jorge Gelices que cómo se había enterado de lo ocurrido, éste le dijo que le había llamado el Sargento Álvarez y le había contado lo sucedido, además de que él se encontraba en su oficina de "Catering Gelices", dejándolo todo listo para venir aquí a pasar los dos meses de vacaciones de todos los años.
domingo, 17 de enero de 2010
El muro
No hay nada peor que los progres maduros cuando tienen en sus manos la dirección y educación de los jóvenes. Aquellos de la generación "prohibido prohibir"educan a los adolescentes como si fueran niños de guardería. Esto implica , por una parte, no responsabilizarlos de nada, y, por otra, someterlos a un régimen casi carcelario, donde se mea cada tres horas y no se abandona la clase hasta la hora del recreo.
Con este modo de actuar se consigue lo contrario de lo que se persigue: cuando el alumno se sabe lejos de la vigilancia actúa como un auténtico cafre.
domingo, 3 de enero de 2010
Del pino sale la piña
He descubierto que la gente es mucho más simpática y detallista vía Internet que cara a cara. En los últimos tiempos es bastante habitual que personas que apenas te saludan cuando te ven en carne mortal, en fechas" entrañables" como las que estamos disfrutando, te envían toda clase de felicitaciones: eso sí que son amigos virtuales (de existencia aparente, pero no real).
Hay que tener en cuenta que con las nuevas tecnologías felicitarle el año a medio mundo es bastante fácil. Lo difícil era llevar a cabo la redacción de una veintena de postales de Navidad como las que estaban de moda en mi infancia. Pues había que comprarlas, redactarlas, meterlas en el sobre, ponerles un sello y mandarlas, además, claro, de hacer el redactado en verso.
Creo que un amigo virtual se parece bastante a la contemplación de una foto en la que hay un paisaje paradisiaco... o a aquella canción de "EL hombre que se enamora de la mujer del teatro es como el que tiene hambre y le dan bicarbonato"
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Sentir que es un soplo la vida
Un día ya muy lejano tus ojos miraron por primera vez el mundo y hoy el mundo te da la espalda y tan sólo te aguarda la eternidad. Mientras te recordemos seguirás viviendo en cada uno de nosotros...
domingo, 8 de noviembre de 2009
Vejez: vida y muerte
Hay algo mucho peor que la muerte: la vejez caduca.
Cuando el cuerpo se convierte en un testigo incómodo de tu ya desaparecida esencia. Cuando los que te cuidan te miran con esa mezcla curiosa de amor y asco. Entonces, de alguna forma ya has muerto, pero la materia se resiste y tú te conviertes en un bebé sin esperanzas.
domingo, 6 de septiembre de 2009
CAMBIO DE DESTINO
Se mire por donde se mire mi nuevo lugar de trabajo es mejor que el anterior, desde instalaciones, situación social de la mayoría del alumnado, ubicación y proximidad a mi hogar. Bien pues a pesar de eso desde que ha empezado septiembre me embarga una sensación de añoranza que me acompaña a todas las horas del día, todavía al hablar o pensar en mi centro pienso en el que he dejado y me siento como un mero espectador del que es ya mi nuevo destino. Quizá todo proceso de cambio necesite tiempo...
No sé por qué mi mente tiene una imagen fija: el enorme patio con sus árboles que van cambiando de color a medida que avanza el curso: del esplendor ya desvaído de septiembre, al amarillento del otoño, la caída de la hoja en invierno y la aparición de las ardillas saltarinas y otra vez, un poco antes de Sant Jordi, el despertar de la primavera con esa naturaleza que anuncia ya el descanso estival; y. sobre todo, el corrillo de fumadores a la puerta del instituto hablando de todo y de nada y compartiendo esa camaradería de los que están unidos por una afición muy mal considerada socialmente en este momento.
Por otra parte, cómo se puede olvidar a ese Jony del primer año con su visión tan particular del desnudo, a las trillizas luchando por su individualidad pero combatiendo las injusticias como los tres mosqueteros, al Cuco , al Avilés y su afición por destrozar extintores, al Owen , al Palomo, a los niños y niñas del 1º de ESO de hace ya seis años a algunos de los cuales volví a tenerlos en Bachillerato; a esos chicos y chicas con un empuje y una inteligencia tal que les ha permitido, pese a todo, triunfar en la Universidad, y, a ese tercero de ESO del último curso que alcanzará grandes logros, a José Francisco Pareja con su fina sensibilidad literaria, a ese tímido a la vez que desvergonzado Claramón, a las camisetas del Padi... Cómo no recordar también con una irónica sonrisa "La Tapa oliventina" con su enorme fresco con la dehesa de Extremadura, donde cerdos y bellotas tienen casi el mismo tamaño, con su pequeña estantería para los pájaros cantores, con sus parroquianos escasamente esbeltos y gritones, con la mama, el papa y el nene. Y, por último, cómo olvidar a tantos compañeros con los que he compartido risas y problemas, "aplicatius", "competències bàsiques" y frío, mucho frío.
Pero la vida es eso: ir pasando etapas hasta llegar a la tan poco esperada y deseada meta.
Ana Ozores