Al llegar al restaurante, una empleada les dijo que la cocina ya estaba cerrada, por lo que se dirigieron a una cadena de comida rápida. El lugar estaba casi vacío. Se sentaron en una mesa al lado de la ventana y Jaume fue a pedir la comida. Al volver encontró a la inspectora con cara de preocupación y cansancio a la vez. Estuvieron repasando el caso, hasta ahora no habían conseguido averiguar casi nada. Jaume le dijo a Inmaculada que tendría que volver a su casa pues por la mañana debía estar en su trabajo, pero que por la tarde se pondría en contacto con ella. Inma a su vez dijo que tendría que hablar con el comisario y pedirle más tiempo, pues había decidido no reunirse con su familia y renunciar a sus vacaciones. Salieron del restaurante y se despidieron Jaume volvió a Cerdanyola y la inspectora había decidido visitar a Javier Gelices y preguntarle por qué había mentido en lo referente a su relación con Marta.
De nuevo se hallaba a la puerta de la lujosa mansión Gelices, pero esta vez entraría por la entrada princicpal. Le abrió la misma doncella que las otras veces, le dijo que esperara un momento que iba a avisar al señor Gelices. Al poco apareció Javier Gelices con un atuendo de lo más veraniego y haciendo gala de sus dotes de hombre de mundo saludó a la inspectora con gran simpatía. Decidí ir al grano y preguntarle por qué me había dicho en nuestra primera entrevista que no conocía a Marta Broto. Javier Gelices contestó que no deseaba que el buen nombre de su familia se viera envuelto en un asunto tan desagradable y que ella debía entender que al mundo de los negocios no le favorecía una publicidad de ese tipo.
- Bien, señor Gelices, ¿cómo conoció a Marta Broto?
-Fue hace dos años cuando ella contestó a la oferta de traductora que "CaTERING GELICES" hizo en La Vanguardia. A la empresa le vino muy bien que Marta hiciera el trabajo de traducir la publicidad al Catalán porque no tenía que hacerle nigún tipo de contrato y además Marta era licenciada en Filología catalana. Así fue como empezó a colaborar con nosotros.
- ¿Por eso pasó unos días en esta localidad el año pasado?
- Sí, ese fue el motivo - contestó Javier con un deje de enojo.
- Verá, señor Gelices, se han investigado las cuentas de la joven y le aseguro que su patrimonio no responde al de una profesora aun realizando trabajos extras como el que hacía Marta en su empresa. ¿Qué me puede decir de eso?
- En realidad mi relación con Marta no era demasiado estrecha, lo único que le puedo decir es que esa joven era muy ambiciosa y no tenía demasiados escrúpulos que le impidieran ascender de la forma que fuera. A través de su trabajo de traductora entró en contacto con importantes empresarios cargados de dinero y de años y ella era una mujer muy bella. Sé que mantuvo alguns relaciones de tipo, digamos sentimental, y eso pudo haberle repercutido en el aumento de sus cuentas. En fin, no sé... Mi hermano pequeño, Marcel, anduvo también detrás de ella y sé que mantuvieron algún tipo de relación que acabó cuando Marta encontró a otro con mayor poder económico... No puedo decirle más.
La inspectora se despidió del señor Gelices y al salir se le ocurrió preguntar a la doncella por el pequeño de los hermanos. La chica contestó que estaba en la piscina con su mujer y su hijo pequeño, Inmaculada le dijo que viera si la podía atender porque si no tendría que dar otro viaje. Al cuarto de hora apareció Marcel, vestido con un atuendo de moda ibicenca y adornado con la sonrisa más encantadora que pudiera imaginarse. Saludó a Inmaculada con dos besos y la hizo sentir como si la hubiera echado de menos, la inspectora Roig se esforzó para no caer rendida al innegable encanto que tenía aquel hombre.
Cuando abandonaba la casa la inspectora Roig estaba ya anocheciendo, ya podía hacerse una imagen más fiel de la personalidad de la desaparecida Marta Broto. Lo que no acababa de entender era el ansia de acaparar dinero que tenía la joven. Decidió que tendría que visitar otra vez a la familia de la difunta.
viernes, 23 de julio de 2010
MAR TURQUESA XI
martes, 13 de julio de 2010
MAR TURQUESA X
La casa estaba envuelta en la calma propia de las mañanas de verano. La inspectora Roig quería a toda costa dar con el despacho de Javier Gelices, pues era el único que había mentido al preguntársele por su relación con la señorita Broto. Cuando iba a doblar la esquina de la parte trasera oyó un leve ruido y se escondió treas un recortado seto. No pudo reprimir una sonrisa cuando descubrió a Tarradelles acercándose con cuidado hacia donde había estado ella. Lo dejó seguir para sorprénderlo por detrás. La cara del profesor no pudo reprimir el espanto cuando Inmaculada le tocó en la espalda.
- Parece, señor Tarradelles, que le ha gustado la aventura... ¿No debería estar trabajando a estas horas? - dijo la inspectora con un tono entre burlón y reprobatorio.
- ¡Qué susto me has dado, Inma! Sí, ya sé que no debería haberte seguido, pero de alguna forma me siento responsable , y cuando fui a la pensión pregunté por ti utilizando el falso nombre con el que te había inscrito el comisario y me dijeron que habías salido, supuse que te habrías dirigido a esta casa... Y , aquí estoy - dijo el señor Tarradelles de forma atropellada.
- ¿Y tu trabajo?
- Me tomé un día de fiesta. Para eso soy el director.
- Bien, sigamos a ver si podemos encontrar el despacho de Javier Gelices - cortó la inspectora Roig.
Siguieron recorriendo la parte trasera de la mansión y en la esquina del lado izquierdo de la casa se encontraba el despacho del señor Gelices. Era una estancia grande, con muebles funcionales y con unas vistas impresionantes. Toda la belleza de la Costa Brava estaba recogida en el amplio ventanal del despacho. Al acercarse un poco más comprobaron que no había nadie. Como la habitación quedaba en la planta baja, no les fue difícil abrir la ventana y entrar . La Inspectora ordenó a Jaume Tarradelles que vigilara la entrada, mientras ella investigaba el contenido del ordenador del señor Gelices. Cuando la pantalla estaba a punto de encenderse se oyeron pisadas que se acercaban a la habitación. Rápidamente la inspectora apagó el ordenador y obligó al señor Tarradelles a esconderse junto a ella en un estrecho armario que se encontraba en la habitación.
Se oían las voces del señor Gelices y de una mujer joven. Al mirar por la cerradura comprobó que la muchacha era la que antes había confundido con la cuidadora de uno de los retoños del clan. Empezaron a hablar y de pronto la inspectora intuyó que iban a abrir el armario en el que se hallaban escondidos. Contuvo la respiración y se preparó para el inevitable descubrimiento, pero cuando ya estaba a punto de abrirse la puerta, la secretaria y el señor Gelices fueron interrumpidos por Marcel Gelices que les dijo que el guarda de la finca le había parecido ver intrusos. Salieron todos del despacho. Momento que aprovecharon la inspectora y el docente para escapar.
Se hizo bastante pesado el camino hasta llegar a Begur, ya que ni la inspectora ni Jaume habían traído vehículo. Para no ser descubiertos habían seguido el camino de la riera y después se habían internado en un pinar baastante grande. Tras una hora de camino a pleno sol, llegaron al pueblo. Como eran ya casi las dos de la tarde decidieron ir a comer al mismo restaurante que días antes había visitado la inspectora Roig.
domingo, 4 de julio de 2010
MAR TURQUESA IX
A las nueve en punto de la mañana se presentó el comisario y me dijo que tenía que abandonar el caso e irme de vacaciones con mi familia, me entregó los billetes de avión para Oviedo y me dijo que me acompañarían a casa para que hiciera las maletas y después me llevarían al aeropuerto. Yo me negué a seguir sus órdenes pues no me gusta nada que una investigación me pueda. El comisario . sumamente alterado, me aclaró que no iba a permitir que corriera más riesgos, sobre todo porque yo ya hacía tres días que tenía que haber tomado las vacaciones y porque era incapaz de pedir ayuda a los compañeros y que esta vez había tenido suerte, pero qué hubiera pasado si el señor Tarradelles no hubiera intervenido. Lo único que pude conseguir del comisario fue que me diera un día más para seguir con el caso, pero que pasado este tiempo debería irme de vacaciones "de una puñetera vez".
Haciendo caso omiso de las órdenes del comisario, alquilé una habitación en un pequeño hotel de Begur. Mi paradero real sólo lo conoce Jaume Tarradelles, ya que en comisaria creen que me hospedo en una pensión del barrio antiguo de Gerona, lugar al que ellos me llevaron, pero que tan pronto se fueron yo abandoné y me dirigí al pueblo en el que había ocurrido todo.pue sólo contaba con veinticuatro horas para resolver todo este lío.
A eso de las dos de la tarde, decidí dar una vuelta por los alrededores del pueblo y llegué hasta la misma entrada de la mansión Gelices, aparqué el coche tras un muro de maleza y decidí ver qué ambiente había en la casa en la que cuatro días atrás había aparecido una joven profesora asesinada.
En el jardín había un precioso niño pequeño jugando con la que parecía su cuidadora, una joven de gran belleza y que guardaba un más que notable parecido con la desaparecida Marta Broto. Unos metros más alla se encontraba en la tumbona, al borde de la piscina, la madre de los niños, y esposa del ficticio joven Marcel Gelices, que se acercaba en ese momento a su joven y esbelta esposa, que no parecía estar de buen humor esa mañana por el mohín de desprecio que había hecho cuando su esposo se había inclinado a darle un beso. Tras esos segundos de saludo, la pareja había comenzado una agria discusión que estaba relacionada con la atractiva cuidadora y la atracción fatal que, según su esposa, sentía Marcel. Quizá lo que más sorprendió a la inspectora de todo lo que estaba oyendo fuera el hecho de que la joven cuidadora trabajaba para Javier Gelices como traductora al Catalán de toda la publicidad de la empresa Gelices. Precisamente el mismo trabajo que realizaba Marta.
Dobló la esquina y se encontró con la parte trasera del jardín, aquella que tenía vistas al mar y donde se hallaba el balcón en el que había aparecido el cadáver de la señorita Broto
domingo, 13 de junio de 2010
MAR TURQUESA VIII
¡Vaya casa que tenía el señor profesor! Inmaculada estaba empezando a pensar que el profesorado llevaba un tren de vida muy superior al del resto de los mortales... Como era temprano para cenar,Tarradelles pidió a la asistenta que les sirviera una merienda junto a la piscina. Tenía hambre, pues no había comido apenas nada casi en todo el día. Ahora se sentía extraña ya que no sabía muy bien qué iba a hacer, además de que estaba en la casa de alguien que no conocía de nada, pero que le había ayudado en un momento muy complicado. Decidió no pensar demasiado en lo extraño de la situación y ponerse en contacto con el comisario para explicarle todos esos confusos hechos que le habían ocurrido.
El comisario le había aconsejado que esa noche se quedara allí y por la mañana ya se pondria en contacto con ella para buscarle un lugar donde vivir que no conociera nadie.
Después de haberse duchado, fue al comedor y se sentó en el sofá junto a Jaume Tarradelles que estaba leyendo una gruesa novela.
- Ah, Inspectora, ¿se siente ya mejor?. Cuando quiera pediré que nos sirvan la cena.
- La verdad es que no tengo apetito, pues comí demasiado a la hora de la merienda.
- Bueno, está bien yo tampoco tengo hambre todavía. ¿Desea beber algo?
- Pues, sí, si no es molestia me apetece una copa de crema de whisqui con mucho hielo.
- Enseguida se la sirvo.
El señor Tarradelles le sirvió la copa a la Inspectora Roig y él bebió un cubalibre.
Se sentía bien en aquella agradable estancia, con esa luz baja y tras haber bebido ya dos copas. Jaume le parecía un hombre atractivo a su manera además de valiente, pues pocas personas se habrían metido en un lío semejante por alguien que acababa de conocer. Le dio las gracias y éste le contestó que no tenía importancia, que gracias a eso tenía esta noche una muy agradable compañía.
-¿Tienes idea, Inmaculada, de quién era el hombre que te llevó a aquella cueva?- preguntó Tarradelles.
- No, no lo había visto en mi vida. Éste parecía ser un caso sencillo. pero es más complejo de lo que nosotros habíamos previsto. Esta investigación molesta a alguien importante que no tiene ningún reparo en atacar a una inspectora de policía.
- ¿Tienes familia? - dijo Jaume.
- Sí, un marido y una hija de doce años que están ahora pasando las vacaciones en Cangas de Onís. Yo debería haber ido con ellos, pero un día antes de irnos apareció el cadáver de Marta Broto en la mansión Gelices... - añadió Inmaculada en un tono algo irónico.
- Yo soy soltero y éste empezaba a ser un verano tedioso hasta que apareciste esta mañana en mi despacho y mi vida empezó a adquirir tintes de serie de televisión. No siempre rompe la rutina una atractiva inspectora de policía que acaba pasando la noche en mi casa. Pero...Inmaculada, quiero ser sincero contigo y por eso tengo que decirte que las Navidades pasadas mantuve una relación con Marta. No fue nada importante, simplemente después de la cena de Navidad traje a Marta a esta casa. Esa fue la única vez. Después al iniciarse el trimestre Marta y yo continuamos manteniendo la relación típica de compañeros de trabajo y nunca más hicimos alusión a lo pasado aquella noche.
- ¿Es habitual eso entre profesores?- dijo Marta.
- Pues, no lo sé... Hombre, esto no es Estados Unidos y entre dos personas adultas y libres... -no acabó la frase Tarradelles.
- En fin, creo que lo entiendo - añadió Inmaculada.
domingo, 23 de mayo de 2010
MAR TURQUESA VII
Por fin se había marchado el impresentable que la había tenido amenazada las últimas dos horas. No sabía qué iba a hacer, pues la había atado de manos y píes y la había abandonado en aquella oscura y sofocante cueva. Iban pasando los minutos y cada vez notaba que le faltaba el aire. Decidió no moverse demasiado para no agotarse antes de tiempo,dormir un poco y esperar un milagro. No podía imaginar quién era ese hombre y por qué había ido a por ella, para quién trabajaba...
Notó como una mano fuerte la zarandeaba , al tiempo que una voz, no del todo desconocida, le decía que despertara, que la iba a desatar y tenían que huir de allí rápidamente. Al salir al exterior reconoció al hombre que le había ayudado, era nada menos que el señor Tarradelles, director del IES BARÇA. Subieron al coche del señor Tarradelles y escaparon de allí a todo correr. Cuando ya habían abandonado el lugar, vieron como llegaban dos hombres en un coche, sin duda alguna iban a por ella. La inspectora Roig dio un suspiro de alivio al ver de la que había escapado...
Tarradelles le explicó que al salir del instituto, poco después que ella, vio como en la parte de atrás del coche de ella se encontraba un individuo de aspecto algo siniestro por lo que decidió seguirlos cuando arrancaron el automóvil, ya que le pareció improbable que un sujeto con ese aspecto fuera también policía. Al ver que paraban el coche, él lo hizo también detrás de una curva para no ser visto. Cuando vio a la inspectora encañonada ya no tuvo duda de que algo peligroso y extraño estaba pasando. Esperó a que el individuo saliera de la cueva para ir a ayudarla.
- Y el resto ya lo conoce usted- añadió el director con una media sonrisa en los labios.
- ¿La llevo a algún lugar, inspectora?
- No sé... porque no puedo ir a mi casa ya que estará vigilada, tampoco a la comisaría porque no quiero que mis superiores se enteren de que me he movido completamente sola con este caso.
- ¿Quire usted venir a mi casa? Vivo solo y tengo una casa bastante grande que heredé de mis padres.
- ¿No será mucha molestia para usted que alguien invada su intimidad de este modo?
- No, en absoluto. Siempre he deseado algo de emoción en mi vida. Además mañana por la mañana yo vendré a trabajar y usted podrá estar en la casa a sus anchas.
- Es usted muy amable, señor Tarradelles.
- Llámeme Pocholo, por favor. Es como me llaman mis íntimos. Mi nombre es José Federico, pero siempre me han llamado Pocholo.
- De acuerdo, Pocholo. Me quedaré unos días en su casa.
miércoles, 7 de abril de 2010
MAR TURQUESA VI
El director me hizo pasar a su impersonal despacho. Con una media sonrisa me preguntó que cuál era el motivo de mi visita.
- Bien, como ya sabrá una de las profesoras de este centro apareció muerta y desfigurada la semana pasada. Podría decirme qué tipo de persona era Marta Broto
- Llevaba cinco años trabajando en este centro. Era una persona amable e incluso cordial, pero poco dada a hablar de su vida privada. Como profesional se podría calificar de responsable. Los alumnos la apreciaban bastante - dijo el señor Tarradelles.
- ¿Cuándo fue la última vez que la vio?
- Exactamente el día 30 de junio, último día lectivo del curso.
-¡Qué curioso ese fue el día en que la asesinaron!
- Sí. Nos dijo que se iba a ir de vacaciones a Papua Nueva Guinea, creo que iba a viajar junto a otra persona. Nos sorprendió porque pasar mes y medio de vacaciones no es lo habitual, aunque el coche que tenía, su ropa y sus costosos viajes hacían pensar que pertenecía a una familia adinerada, o que compartía su vida con alguien bien situado.
-¿Podría visitar su departamento?- añadió la inspectora.
- Sí, ahora le diré al conserje que la acompañe.
- Gracias, señor Tarradelles. Cuando acabe me gustaría que me apuntara con qué personas del centro tenía más relación la señorita Broto.
Acompañada por el conserje subió al Departament de Llengües, que estaba en el segundo piso. Era una habitación muy pequeña y atestada de libros. El conserje me indicó el lugar en el que Marta colocaba sus cosas y se fue.
Empecé a mirar, sólo encontraba exámenes pasados, libretas de notas, fotos de alumnos y casi como esconsida una libreta azul muy pequeña. La abrí. Había apuntados algunos teléfonos. Pensé que era muy extraño que en el tiempo de la telefonía móvil todavía hubiera alguien que apuntara los teléfonos a mano, pero claro sabía tan poco de la joven profesora... De golpe, algo llamó su atención allí estaba apuntado el nombre y el teléfono de Javier Gelices. Aquello sí que era interesante ya que recordaba como el poderoso señor Gelices le había dicho que él no se relacionaba con gente tan joven. Aunque después vio que en realidad Marta traducía al Catalán la publicidad de "Catering Gelices". Pero entonces por qué no lo dijo - pensó Inmaculada Roig.
También al fondo del armarito había más publicidad, esta vez de "Mercadona", en su gama de cosmética "Deliplus". Así que Marta se sacaba un sobresueldo haciendo trabajos de traducción y de publicidad.
Se despidió del señor Tarradelles y se llevó la información que éste le había preparado. Cuando salió a la calle, miró su relog y vio que eran más de las tres de la tarde. Hacía un calor sofocante por lo que no había nadie en los alrededores del IES Barça. Al ir arrancar s el coche, notó que alguien le tapaba la boca al tiempo que le ponia una pistola en el cuello.
Una voz de hombre escasamente cultivado, es decir, la versión masculina de una choni le dijo:
- ¡No te muevas, mardita puta! Si te mueves te volaré la sesera. Sigue condusiendo.
A la inspectora Roig le iba el corazón a mil por hora. Pues estaba casi segura que lo que iba a hacer el chorizo ése era deshacerse de ella. Lo peeor era que nadie de la comisaría sabía el lugar adonde había ido. Como se arrepentía en esos momentos de ser tan independiente, y, sobre todo se maldecía por haber aceptado la investigación de ese caso estando como estaba a punto de irse de vacaciones
jueves, 1 de abril de 2010
MAR TURQUESA V
Por fin a las doce y cuarto de la noche, tras un día muy ajetreado, la inspectora Roig pudo tumbarse en el sofá de su salón . Se sirvió un vaso de vino blanco y encendió el último cigarrillo del paquete de FORTUNA de 24. Su intención era relajar la mente, pero le resultaba imposible, sus problemas laborales y personales daban vueltas en su cabeza: su hija, su marido, las vacaciones, la relación de Javier Gelices con Marta Broto, el innegable atractivo de Marcel Gelices....
Sin saber cómo se había quedado dormida en el sofá y tras tres horas se despertó con un horrible dolor de cuello y de espalda. Estaba segura de que ya no podría volver a dormirse por lo que decidió ir a su habitación y estudiar el escaso material del caso. Abrió la carpeta con los documentos bancarios de Marta Broto, estaba claro que la joven tenía otra actividad además de la docencia pues en sus cuentas había ingresos muy sustanciosos que nada tenían que ver con la nómina de la Generalitat. De pronto pensó que debía volver de nuevo a su vivienda y revisar el apartamento a fondo.
Eran las seis de la mañana cuando la inspectora abría la puerta del piso de Marta. No sabía muy bien por qué pero estaba segura de que alguien habia entrado en la casa. Aparentemente todo estaba tal y como cuando lo visitó tras la aparición del cadáver, pero faltaba una de las tres fotos que había en la mesita, aquella en la que Marta aparecía sola. De pronto cuando se dirigía hacia el dormitorio alguien la golpeó con algo contundente que la dejó sin sentido.
Al despertarse cayó en la cuenta de que no había pensado en que alguien pudiera estar buscando algo. Se levantó y de un salto fue a la ventana para ver si podía ver a alguien en la calle, al asomarse comprobó con fastidio como un coche de lujo salía a toda pastilla.
-¡Mierda!- dijo.
Ya que estaba allí pensó que lo mejor era acabar lo que había venido a hacer. Así que revisó el dormitorio de la joven. No encontró nada de interés. Tampoco en el comedor. Cuando ya se disponía a marcharse se le ocurrió inspeccionar el coqueto cuarto de baño. Allí en el armarito de las medicinas había un sobre con dos billetes de avión a Papua Nueva Guinea para el 12 de julio
- Así que tenías planeado un exótico viaje- exclamó la inspectora.
Bueno , ahora tendría que averiguar con quién tenía pensado hacer el viaje.
A las diez de la mañana la inspectora Roig se acercó al instituto en que trabajaba Marta. Le dijo al conserje que quería hablar con el director y éste le dijo que esperara un momento que le avisaría. Tras unos minutos salió a recibirlo un hombre alto y bien parecido que se identificó como Jaume Tarradelles, director del IES EL BARÇA.